Editorial

Tribuna presidencial

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La tribuna presidencial es un espacio desde el cual es posible ejercer considerable liderazgo e influencia, al punto de que algunos autores hablan de la “Presidencia retórica” para graficar el peso de esta dimensión comunicacional de la política. En un extremo ello puede ser pernicioso, si por ejemplo el Presidente usa su tribuna en formas que debilitan (o desconocen) los pesos y contrapesos institucionales que son la esencia del gobierno democrático; por otro lado, usada correctamente puede ser una fuente que entregue dirección e incluso ayude a deshacer potenciales nudos institucionales.

Por lo anterior, no conviene a la tribuna presidencial ser fuente de confusión o incertidumbre, como ocurrió hace unos días con una críptica frase del Presidente Boric en un foro empresarial. Junto con llamar a los empresarios a “abandonar la soberbia paternalista”, agregó “para que se entienda mejor: más Narbona, menos Craig”.

No es conveniente que la tribuna presidencial sea fuente de confusión o incertidumbre, como ocurrió hace unos días.

Lo cierto es que hasta ahora nadie lo ha entendido, como incluso han reconocido ministros de Estado. Y dado que el Presidente no ha aclarado sus dichos -puede haber sido simplemente un error de nombre o una cita fuera de lugar-, ha abierto la puerta a especulaciones e interpretaciones sobre su verdadero sentido, lo que inevitablemente daña en alguna medida la imagen presidencial, restándole credibilidad.

Si la intención del Presidente era emitir un duro juicio (el “paternalismo”), ella se pierde en la confusión sobre lo que realmente quiso decir. Este parece otro ejemplo -por cierto no exclusivo del actual Mandatario- en que el deseo de ser espontáneo y menos rígido resulta contraproducente, pues en lugar de hacer más cercano el liderazgo presidencial, lo vuelve confuso.

Aunque a primera vista anecdóticos, episodios como éste merman la efectividad de la tribuna presidencial para proyectar influencia e inspirar confianza. La reflexión, la prudencia y la moderación para comunicar -no sólo la espontaneidad- son atributos del liderazgo que todos los políticos harían bien en revalorar en estos tiempos.

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